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Demoledora información sobre el tabaco

08 Ene

Hace algún año tuve la ocasión de leer este artículo al que se le puede reprochar todo lo que usted quiera. Lo más importante es que parece ser tendencioso. Lo digo porque aparenta partir de una afirmación relatando a continuación todos los argumentos necesarios para reafirmarse en lo previamente establecido. A su vez es una excelente pieza que nos permite pensar acerca de la información que recibimos. Hoy me acordé del texto a propósito de otra información fresca que nos ofrecía el “diario Público”. Al final le cuento el motivo. Ahora le transcribo el texto del periodista de investigación Joe Vialls.

Fumar Ayuda A Protegerse Contra El Cáncer De Pulmón
Cada año, miles de médicos y otros miembros de la “Inquisición Anti- Fumadores” gastan miles de millones de dólares perpetuando lo que incuestionablemente se ha convertido en el más engañoso pero exitoso engaño de ingeniería social de la historia.
Con el apoyo de mucho gobiernos occidentales, estos lobistas Orwellianos persiguen a los fumadores con un fanático celo que sobrepasa la ridícula prohibición de alcohol Norte Americana , la cual comenzó en 1919 y duró hasta 1933. Actualmente vemos a esa prohibición estadounidense con justificado asombro.
¿Es verdad realmente que una nación entera se permitió a sí misma que un pequeño grupo de fanáticos les niegue una cerveza o un whisky?
Lamentablemente, así es, a pesar de la total falta de evidencias que el alcohol cause serios daños a los humanos, a menos que se consuma en cantidades verdaderamente grandes.
Desafortunadamente, la seguridad del alcohol no era de interés para los fanáticos, para quienes el control sobre los otros era el único y verdadero objetivo. Los norteamericanos estaban “pecando” visiblemente al disfrutar con algunos tragos alcohólicos, y los puritanos intercedieron en nombre de Dios para que se sientan miserables de nuevo.
A pesar de que no hay una conexión directa entre el alcohol el tabaco , la historia de la prohibición Americana es importante, porque ayuda a entender como un minúsculo número de fanáticos se las ingenió para controlar el comportamiento y la vida de decenas de millones de personas.
Actualmente está sucediendo exactamente la misma cosa con los fumadores, a pesar que esta vez está en manos de los fanáticos del gobierno y los médicos ignorantes en vez de los fanáticos religiosos.
Ciertos gobiernos saben que sus acciones pasadas son directamente responsables por causar la mayoría de los canceres de pulmón y piel en el mundo al día de hoy, de modo que van a los extremos de deslindar responsabilidades y por lo tanto alejar reclamos financieros y achacarlo en cambio al inocuo tabaco orgánico.
Como veremos despues en este informe, el humilde tabaco orgánico nunca ha lastimado a nadie, y en ciertas formas puede afirmar justificadamente de proveer una asombrosa protección para la salud.

No todos los gobiernos alrededor del mundo comparten el mismo problema.

Japón y Grecia tienen el número más alto de adultos fumadores de cigarrillos en el mundo, pero la incidencia más baja de cáncer de pulmón.
En contraste directo con esto, America, Australia, Russia, y algunos grupos de islas del pacífico sur tienen el número más bajo de adultos fumadores de cigarrillos en el mundo, pero la incidencia más alta de cáncer de pulmón.
Esta es la pista número uno para revelar la absurda pero bien establecida mentira médica occidental que “fumar causar cáncer de pulmón”.
El primer contacto europeo con el tabaco fue en 1492, cuando Colón y su compañero explorador Rodrigo de Jerez vio a los nativos fumando en Cuba. Ese mismo día de Jerez dio su primera bocanada y la encontró muy relajante, igual que los locales le habían asegurado que sería. Esta fue una ocasión importante, porque Rodrigo de Jerez descubrió lo que los cubanos y los nativos americanos habían conocido por varios siglos: que fumar cigarros y cigarrillos no sólo es relajante, también cura la tos y otro pequeños malestares.
Cuando volvió a casa, Rodrigo de Jerez orgullosamente encendió un cigarro en la calle, y fue rápidamente arrestado y mantenido prisionero durante tres años por la horrenda Inquisición Española . De Jerez por lo tanto se convirtió en la primera víctima de los lobbies anti-fumadores.
En menos de un siglo, el fumar se convirtió en un hábito social muy disfrutado y aceptado a través de toda Europa, importándose miles de toneladas de tabaco para satisfacer la creciente demanda. Un número cada vez mayor de escritores aclamaron al tabaco como un remedio universal para las enfermedades de la humanidad.
A comienzos del siglo veinte casi una cada dos personas fumaban, pero la incidencia de cáncer de pulmón se mantuvo tan baja que fue prácticamente no mensurable.
Luego algo extraordinario sucedió el 16 de julio de 1945: un aterrador evento con rasgos de cataclismo que finalmente causaría que los gobiernos occidentales distorsionen la percepción de fumar para siempre.
Tal como recuerda K. Greisen:
“Cuando la intensidad de la luz había disminuido, me saqué los lentes y miré directamente a la torre. Para ese momento había notado un color azul rodeando la nube de humo. Luego alguien gritó que deberíamos ver la onda de choque viajando por el suelo. La apariencia de esta era la de un área circular iluminada brillantemente, cerca del suelo, esparciéndose lentamente hacia nosotros. El color era amarillo. La persistencia de la nube de humo fue una cosa que me sorprendió.
Después de la primera rápida explosión, la parte inferior de la nube parecía asumir una figura estática y se mantuvo colgando inmóvil en el aire. La parte superior mientras tanto continuó ascendiendo, de modo que después de unos pocos minutos tenía al menos cinco millas de alto. Lentamente asumió una forma de zigzag debido a las cambiantes velocidades del viento a diferentes alturas. El humo había perforado una nube al comienzo de su ascenso, y no parecía estar afectados en lo absoluto por la nube.”
Esto hizo el notorio “Trinity Test”, la primera arma nuclear sucia que se detonó en la atmósfera.
Una esfera de seis kilos de plutonio, comprimida súper críticamente por lentes explosivas, Trinity explotó sobre Nuevo México con una fuerza igual aproximadamente a 20,000 toneladas de TNT.
En cuestión de segundos, miles de millones de mortales partículas radioactivas fueron absorbidas en la atmósfera a una altitud de seis millas, donde corrientes de aire de alta velocidad las pueden hacer circular muy lejos y en una amplia área.
El gobierno norteamericano sabía de antemano sobre la radiación, estaba bien consciente de sus letales efectos sobre los humanos, pero bruscamente ordenó las pruebas ignorando completamente la salud y el bienestar.
Legalmente, fue una flagrante negligencia culpable, pero al gobierno norteamericano no le importó.
Más tarde más temprano, de una manera u otra, ellos podrían encontrar otro culpable por cualquier efecto de largo plazo sufrido por los norteamericanos y otros ciudadanos en áreas locales o remotas.
Mire esto:
Si una simple microscópica partícula radioactiva aterriza en su piel en la playa, usted adquiere cáncer de piel.
Inhale una simple particula de la misma porquería letal, y la muerte por cáncer de piel se hace inevitable, a menos que usted resulte ser un excepcionalmente afortunado fumador de cigarrillos.
La sólida microscópica partícula radioactiva se entierra profundo en el tejido el pulmón, y sobrepasa completamente las limitadas reservas del cuerpo de vitamina B17, y causa una violenta e incontrolable multiplicación celular.
¿Cómo podemos estar absolutamente seguros que la caída de las partículas radioactivas causa realmente cáncer de pulmón cada vez que un sujeto es expuesto internamente?
Para los científicos reales, opuestos a los charlatanes médicos y propagandistas del gobierno, este no es un problema. Para que cualquier teoría pueda ser aceptada científicamente, primero tiene que probarse de acuerdo con rigurosos requerimientos aceptados universalmente por los científicos.
Primero el sospechoso agente radioactivo debe ser anhelado, luego utilizado en experimentos de laboratorios adecuadamente controlados para producir el resultado pretendido, por ejemplo cáncer de pulmón en mamíferos.
Los científicos han sacrificado sin misericordia decenas de miles de ratones y ratas de esta manera a través de los años, exponiendo deliberadamente sus pulmones a material radioactivo. Los resultados científicos documentados de esos varios experimentos son idénticos. Cada ratón o rata obedientemente contrae cáncer de pulmón, y cada ratón o rata luego muere.
La teoría entonces ha sido convertida a duros hechos científicos bajo estrictas condiciones controladas de laboratorio. El agente sospechoso (material radiactivo) causó el resultado sostenido (cancer de pulmón) cuando es inhalado por mamíferos.
La magnitud total del riesgo de cáncer de pulmón para los humanos originado por la caída de partículas radioactivas de la atmósfera no puede ser exagerado.
Antes que Rusia, Inglaterra y Norteamérica prohibieran los test atmosféricos el 5 de agosto de, 1963, más de 4,200 kg de plutonio han sido descargados en la atmósfera.
Ya que sabemos que menos de un microgramo (millonesima parte y un gramo) de plutonio inhalado causa cáncer terminal de pulmón en el humano, sabemos por lo tanto que su amistoso gobierno ha emanado 4,200,000,000 (4.2 mil millones) de dosis letales en la atmósfera, con una vida media de la partícula radioactiva de 50,000 años.

¿Aterrorizante?

Desafortunadamente se pone peor. El plutonio mencionado más arriba existe en el armamento nuclear actual antes de la detonación, pero por lejos el mayor número de mortales partículas relativas son esas derivadas de la basura común o arena absorbida del suelo, e irradiada a esta viajando verticalmente a través de la bola de fuego del arma.
Esa partículas forman holgadamente la mayor parte del “humo” en cualquier foto de una detonación nuclear atmosférica. En muchos casos varias toneladas material son absorbidos y permanentemente irradiados en tránsito, pero seamos increíblemente conservadores y afirmemos que solamente 1000 kilos de material de superficie es chupado en cada test nuclear atmosférico.
Antes de ser prohibido por Rusia, Inglaterra y Norteamérica, se realizaron un total de 711 test nucleares atmosféricos, por consiguiente creando 711,000 kilos de mortales microscópicas partículas radioactivas, a las cuales deben ser agregados los 4200 kilos originales de las mismas armas, para un aproximado pero muy conservador total de 715,200 kilogramos.
Hay más de un millón de dosis letales por kilogramo, significando que su gobierno ha contaminado su atmósfera con más de 715,000,000,000 [715 mil millones] de tales dosis, suficiente para causar cáncer de pulmón o cáncer de piel 117 veces en cada hombre, mujer o niño en la tierra.
Antes que pregunte, no, las partículas relativas no se “evaporan” simplemente, al menos no en su lapso de vida o el de sus hijos o de sus nietos.
Con una vida media de 50.000 años o más, estos incontables trillones de mortales partículas radioactivas manufacturadas por el gobierno estarán esencialmente con usted para siempre.
Circuladas alrededor del mundo por poderosas corrientes de aire, esa partículas están depositadas aleatoriamente, pero en concentraciones mayores dentro de un radio de un par de miles de millas de los sitios originales de los test. Un simple viento u otras alteraciones de superficie es todo lo que se necesita para agitarlas de nuevo y crear un creciente peligro a aquellos que están en la proximidad.
La una vez inocente actividad de juguetonamente patear harina alrededor en la playa en el verano podría actualmente fácilmente traducirse en un suicidio, si resulta que usted agita unas pocas partículas radioactivas que puede pegarse a su piel o ser inhaladas en sus pulmones.
Basta de burlarse de Michael Jackson cuando aparece en su aeropuerto local con una máscara quirúrgica sobre su nariz y boca. El poder parecer excéntrico, pero Michel ciertamente vivirá más que nosotros.
Doce años después del cataclismo del Trinity test, se hizo obvio para los gobiernos occidentales que las cosas se estaban poniendo completamente fuera de control, con un reporte en 1957 del British Medical Research Council afirmando que las ” muertes globales de cáncer de pulmón se habían más que duplicado durante el periodo 1945 a 1955″, a pesar de que no se ofreció una explicación.
Durante el mismo período de diez años , la muertes de cáncer en las cercanías de Hiroshima y Nagasaki aumentaron tres veces.
Al final de las pruebas atmosféricas oficiales en 1963, la incidencia de cáncer de pulmón en las Islas del Pacífico aumentaron cinco veces desde 1945.
Habiendo arruinado su entorno completamente por 50.000 años, era hora que los “grandes gobiernos” comenzaran a tomar serias acciones distractivas.
¿Cómo se podría probar que la gente se estén causando a ellas mismas contraer cáncer de pulmón, por ejemplo decir que son culpables de auto infringirse daños los cuales el gobierno nunca pueda ser culpado o demandado?
La única sustancia obvia que la gente inhala en sus pulmones, aparte del aire, era el humo del tabaco, de modo que el gobierno hizo pie ahí.
“Investigadores” médicos de baja calificación repentinamente se encontraron inundados con masivos subsidios gubernamentales todos sus orientados al mismo resultado final:
“Demostrar que fumar produce cáncer de pulmón”.
Los científicos verdaderos (especialmente algunos notables físicos nucleares) sonrieron amargamente por los iniciales patéticos esfuerzos del nuevo lobby anti-fumador, y los tentaron en la más mortífera trampa de todas.
Los médicos quasi- investigadores fueron invitados a demostrar sus falsas afirmaciones bajo exactamente las mismas rígidas reglas científicas que fueron utilizadas cuando se probó que la partículas radioactivas causan cáncer de pulmón en los mamíferos.
Recuerde, para que cualquier teoría sea aceptada científicamente, primero debe aprobarse de acuerdo con rigurosos requerimientos universalmente aceptados por los científicos.
Primero el agente sospechoso (el humo del tabaco) debe ser aislado luego usado en experimentos de laboratorios apropiadamente controlados para producir los resultados afirmados, por ejemplo, cancer de pulmón en mamíferos.
A pesar de haber expuesto literalmente a decenas de miles de especialmente vulnerables ratones y ratas, al equivalente de 200 cigarrillos por día durante años, al final, “la ciencia médica” nunca pudo inducir cáncer de pulmón en ningún ratón o rata.

Si, usted leyó correctamente.
Por más de cuarenta años, centenares de miles de médicos le han estado mintiendo deliberadamente. Los científicos reales tienen a los quasi- médicos investigadores por la garganta, porque “aparejar” el experimento de la particular radiactiva mortal con el benigno experimento del humo de tabaco, demuestra de manera concluyente para siempre que fumar no puede bajo ninguna circunstancia causar cáncer de pulmón.
Y más aún, en un gran experimento “accidental” que nunca se permitió publicar, los científicos reales demostraron con prístina claridad que fumar realmente ayuda a proteger contra el cáncer de pulmón.
Todos los ratones y ratas son utilizados solamente una vez en un experimento científico, y luego destruidos. De esta manera los investigadores se aseguran que los resultados de cualquier sustancia que están testeando no pueda ser “contaminada” accidentalmente por los efectos reales o imaginados de otra sustancia.
Luego un día, como por arte de magia, unos pocos miles de ratones del experimento de fumar “accidentalmente” encuentran su camino en el experimento de las partículas radioactivas, el cual el pasado había matado a todos los infortunados sujetos del test. Pero esta vez, contra todas las probabilidades, sesenta por ciento de los ratones fumadores sobrevivieron a la exposición de partículas radioactivas.
La presión del gobierno se hizo sentir inmediatamente y los hechos eliminados, pero esto no silencio por completo a los verdaderos científicos.
Quizás un poco burlonamente, el Professor Schrauzer, Presidente de la International Association of Bio-Inorganic Chemists, testificó ante un comité del Congreso de los EE.UU. en 1982 que había sido bien conocido desde hace mucho tiempo por los científicos que ciertos componentes del humo del tabaco actúa como agente anticancerígeno en animales de prueba.
Continuó diciendo que cuando cancerígenos conocidos (sustancias que causan cáncer) se aplican a los animales, la aplicación de componentes del humo del tabaco los contrarrestan.
Pero tampoco el Profesor Schrauzer se detuvo aquí. Además testificó bajo juramento ante el comité que ” no hay ingredientes del humo del cigarrillo que haya mostrado causar cáncer de pulmón al humano “, agregando que ” nadie ha sido capaz de producir cáncer de pulmón en animales de laboratorios a partir de fumar.”
Fue una respuesta elegante a un problema más bien complejo. Si el gobierno bloquea la publicación de su paper científico, ¡tome la ruta alternativa y ponga los hechos esenciales por escrito en un registro del congreso!.
Previsiblemente, esta dura verdad condujo a gobierno y a los médicos quasi “investigadores” a un enojo frenético. Para 1982 ellos realmente habían comenzado a creer su propia ridícula propaganda, y no fueron silenciados por miembros eminentes del establishment científico.
Repentinamente cambiaron la culpa a los otros ingredientes “secretos” puestos en los cigarrillos por las compañías tabacaleras. ” Si, ¡tiene que ser esto!” clamaron con gran entusiasmo, hasta que un puñado de científicos levantarán el teléfono señalaron que los mismos ingredientes “secretos” habían sido incluidos en el experimento con ratones, y por lo tanto hayan demostrado ser incapaces de producir cáncer de pulmón.
Las cosas se veían desesperadas para el gobierno y la comunidad médica sobre todo.
Dado que los fondos anti fumadores habían comenzado a inicios de los sesenta, decenas de miles de médicos habían pasado por las escuelas médicas, donde se les había enseñado que fumar produce cáncer.
La mayoría creía en la mentira, pero empezaron a aparecer rajaduras en el cuadro.
Incluso el más oscuro de los doctores no podría hacer correlacionar los datos, y cuando indagaron sobre esto le dijeron que no hagan preguntas estúpidas.
“El fumar produce cáncer de pulmón” se convirtió en un credo, un mecanismo de creencia quasi religiosa donde la fe ciega se convirtió en un sustituto de la prueba
Incluso la fe ciega necesita un sistema de refuerzo positivo, que en este caso se convirtió en las agencias de publicidad y los medios.
De repente la pantalla de televisión fueron inundadas con imágenes de terriblemente ennegrecidos “pulmones de fumadores”, acompañado con el mantra que usted morirá en una horrible agonía si no deja de fumar ahora.
Por supuesto que todo esto era una basura patética. En la batea de la morgue los pulmones de un fumador y uno no fumador tienen un rosado idéntico, y la única manera que un patólogo forense pueda decir si ha sido un fumador, es si él encuentra manchas de nicotina en sus dedos, un paquete de Camels o Marlboro en el bolsillo de su abrigo, o uno de sus parientes irresponsablemente admite en el registro que usted una vez fumó la yerba maldita.

¿Los pulmones negros?

De un trabajador minero, quien a través de toda su vida respiró en cantidades copiosas microscópicas partículas de polvo de carbón.
Igual que la partículas radioactivas que son capturadas profundamente el tejido de los pulmones y se mantienen ahí para siempre.
Si usted trabajó profundo en las minas de carbón durante veinte años o más sin una máscara facial, su pulmones probablemente se verán así en la batea.
Mucha gente pregunta exactamente como es que esos ratones fumadores fueron protegidos de las mortales partículas radioactivas, e incluso más están preguntando por qué los números reales actualmente muestran mucho más no fumadores muriendo de cáncer de pulmón que fumadores.
El Profesor Sterling de la Simon Fraser University en Canada quizás esta más cerca de la verdad, donde el utiliza papers de investigación para razonar que fumar estimula la formación de una delgada capa de moco en los pulmones,
” la cual forma una capa protectora que evita que cualquier partícula portadora de cáncer pueda penetrar en el tejido pulmonar.”
Esto es probablemente lo más cercano que podemos llegar a la verdad en el presente, ya que tiene perfecto sentido científico.
Las mortales partículas relativas inhalada por un fumador inicialmente podría ser atrapada por la capa de moco, y luego ser despedidas del cuerpo antes de que entren al tejido.
Todo esto puede ser un poco deprimente para no fumadores , pero al probablemente un lado cosas que usted pueda ser para minimizar los riesgos tanto como sea posible.
En vez de alejarse de los fumadores en su pub o club local, hacer que se tanto como pueda y respire en su humo de segunda mano.
Vamos, no sea tímido, pegue varias respiraciones gigantes o tal vez usted puede fumar un cigarrillo o pequeño cigarros después de cada comida, sólo tres al día para construir una delgada capa de moco.”

Más información de investigación:
Investigación de Yale sobre el cáncer de pulmón:
“…Un resultado similar fue obtenido por Feinstein, en un estudio conducido en la
Yale University School of Medicine, y publicado en septiembre, 1986, en los Archives of Internal Medicine 26 . Los investigadores en Yale obtuvieron registros de3,286 adultos que habían muerto entre 1971 y 1982. Se encontró, luego una autopsia, que 153 de esos pacientes habían muerto de cáncer de pulmón. Los investigadores entonces obtuvieron los certificados de muerte de esos 153 pacientes e intentaron obtener información acerca de sus hábitos como fumadores. Para 13 pacientes, no había suficiente información de hábitos de fumar, de modo que se descartaron de la encuesta. Los investigadores informaron, sin embargo, que de esos 13 pacientes, siete habían sido diagnosticado correctamente de tener cáncer de pulmón estando vivos, pero 6 no.
Trabajando con los 140 casos restantes, resultó ser que había 37 “sorprendente” casos de cáncer de pulmón, por ejemplo, casos que no habían sido diagnosticado correctamente en vida.. 57% de esos casos incluían no fumadores; 30% incluían fumadores moderados; pero solamente el 16% involucraban a grandes fumadores. Los investigadores concluyeron que hubo un prejuicio de detección; que los doctores estaban muy dispuestos a diagnosticar cáncer de pulmón en un fumador; y muy reticentes a hacer el diagnóstico en un no fumador.”
Ya sé, lo anterior no todos son hechos documentados y referenciados como a usted le gustaría ver.
Pero hay suficiente información más arriba para hacer que su cerebro “pide” a la realidad, al menos por ahora, de manera diferente.
Descartar cada visión de la realidad no standard están anticuado como quemar a
Giordano Bruno o Galileo cuando ellos aventuraron a disentir en sus visión sobre cómo las cosas eran realmente.
Por lo tanto, el objetivo aquí, no es descubrir una conspiración contra nosotros por los gobiernos del mundo, sino preguntar y desafiar los puntos de vista asumido que tenemos sobre este tema desde un ángulo radicalmente diferente.
Ejercitar su cerebro y cuestionar su visión mental más sagrada y profunda de la realidad, siempre saludable. Cuanto más lo haga, si usted está intentando entender, anticipa y posiblemente cambie el futuro por venir

La información aparecida en el diario “Público” la transcribo a continuación:

El humo radioactivo que las tabacaleras quisieron ocultar
Aser García Rada
“En el contexto de sus investigaciones sobre el asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya, en 2006, el ex teniente coronel de la KGB Alexander Livtinenko fue envenenado con Polonio 210 (Po210), un metal radiactivo y cancerígeno del que se detectaron trazas en los lugares por los que pasó, entre otros el estadio de fútbol del Arsenal.
La alarma social desatada entonces sorprende a Rodrigo Córdoba, exportavoz del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, “cuando en muchos casos un asesino potencial [el humo de tabaco que incluye el Po210] abunda en los domicilios y, hasta hace poco, en los lugares públicos”.
En efecto, se calcula que un fumador de cajetilla y media diaria recibe una radiación equivalente a unas 300 radiografías de tórax al año. Según Robert N. Proctor, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Stanford, “el tabaco es la causa principal de exposición radiactiva en los seres humanos”.
La radiación de una cajetilla y media diaria equivale a 300 radiografías al año
Aunque escasamente conocido por el gran público gracias a los esfuerzos de la industria tabaquera, los cigarrillos incluyen elementos radiactivos, como el Plomo 210 (Pb210) o el Po210, que contribuyen al desarrollo de cáncer de pulmón.
Fueron Edward P. Radford y Vilma R. Hunt los que por primera vez describieron en 1964 en Science el hallazgo de Po210 emisor de partículas alfa (un tipo de radiación ionizante) en cigarrillos. Pero las tabaqueras lo supieron antes, junto con sus repercusiones sobre la salud, que estudiaron durante décadas.
Una reciente revisión publicada en Nicotine & Tobacco Research asegura que empresas como Phillip Morris (PM) —fabricante de Marlboro, Chesterfield o L&M— o British American Tobacco (BAT) —Lucky Strike o Pall Mall— conocían su presencia desde 1959.
Los investigadores de la Universidad de California revisaron numerosos documentos de la industria de los más de 70 millones de folios que fueron desclasificados en 1998 a raíz del Tobacco Master Settlement Agreement, el acuerdo entre cuatro grandes tabaqueras y 46 estados de EEUU, por el que las primeras se comprometían a compensar económicamente los gastos sanitarios derivados del tabaquismo, a cambio de su exención de responsabilidad legal.
Las tabaqueras conocían también su efecto carcinógeno, según los expertos. Así, aunque la cantidad por cigarrillo es mucho más pequeña que la usada para matar a Livtinenko, esta radiación causa anualmente en torno al 13% de las muertes por cáncer de pulmón entre los fumadores habituales, según la propia industria, los autores de este estudio y los datos de la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense. Además, dado que un 50% del humo se libera al entorno, los fumadores pasivos también están expuestos a esa radiación.
De acuerdo con los investigadores, desde 1980 se conocía el lavado ácido que, modificando el pH, elimina el Po210, pero la industria evitó utilizarlo porque disminuye también la capacidad adictiva de la nicotina. Según Proctor, otras cuatro técnicas han estado disponibles y tampoco se han utilizado.
El subdirector de Investigación de la tabaquera R.J. Reynolds, Claude E. Teague, no podía ser más elocuente en un documento de 1972: “Si aceptamos mansamente las denuncias de nuestros críticos y avanzamos hacia la reducción o eliminación de la nicotina, finalmente liquidará nuestro negocio.
Si tenemos la intención de permanecer en el negocio, la fabricación y venta de formas de dosificación de nicotina, tenemos que defender nuestra posición”.
Las sustancias radiactivas están presentes “en todas las marcas de cigarrillos disponibles”, asegura el estudio. “Es un problema en todo el mundo”, señala el doctor Hrayr Karagueuzian, investigador principal. Por un lado, los elementos radiactivos llegan al tabaco a través de la radiación emitida por la corteza terrestre. Las pequeñas cantidades de uranio presentes de forma natural en el suelo se desintegran en forma de radón-222 (Rn222), un gas radiactivo que es absorbido por el polvo y acaba depositándose y acumulándose en unas proyecciones pegajosas de las hojas de tabaco denominadas tricomas, formando complejos resinosos resistentes a la lluvia o el curado de las hojas.
“Si aceptamos (…) liquidará nuestro negocio”, dijo un directivo en 1972
El Rn222 decae a su vez, dando lugar a partículas de Pb210 y Po210, que alcanzan en los tricomas concentraciones 10.000 veces más altas que en toda la planta. Por otro, mediante la absorción por las raíces de fertilizantes fosfatados, creados a partir de rocas sedimentarias de fosfato que contienen uranio, comunes en el cultivo de tabaco y otros productos agrícolas por favorecer grandes cosechas. Cuando un cigarrillo se quema, se evaporan estos compuestos que inhala el fumador.
Según Armando Peruga, gerente de la Iniciativa Libre de Tabaco de la OMS, este organismo no establece recomendaciones específicas sobre el Po210, aunque recomienda eliminar todas aquellas sustancias “tóxicas o adictivas”. Por su parte, el Ministerio de Sanidad remite a la política común de Bruselas.
Como asegura una portavoz del Comisariado de Investigación, Innovación y Ciencia de la UE, “en la actualidad, no hay límites para el polonio o uranio en los fertilizantes fosfatados”.
Dado que su gran mayoría se importa de países extracomunitarios (principalmente Marruecos), esta regulación “sólo tendría beneficios para el tabaco cultivado en la UE”, mientras que la mayoría se produce fuera, explica. “En consecuencia”, concluye, “la regulación de los productos radiactivos en el tabaco sería una medida más eficaz que la de los fertilizantes”.
Las compañías aseguran que buscan reducir el daño del tabaco
Sin embargo, desde la Dirección General de Salud y Consumidores, encargada de la regulación del tabaco, se asegura que, aunque la Comisión Europea está revisando la vigente directiva sobre productos del tabaco, “no hay planes para regular la radiactividad absorbida por las hojas del tabaco”.
A preguntas recientes de parlamentarios europeos, el comisario de Salud y Consumidores, John Dalli, respondió que como la principal toxicidad del tabaco se produce por la combustión de la hoja, “las restricciones de ciertos productos químicos tendrían un efecto limitado en la reducción de la toxicidad global”.
A esta respuesta se aferra Phillip Morris para minimizar los riesgos y añadir que “durante décadas” ha buscado cómo “reducir los componentes dañinos del humo”. BAT, por su parte, no ha respondido a las preguntas de Público.
Según Rafael García Tenorio, catedrático de la Universidad de Sevilla y vicedirector del Centro Nacional de Aceleradores del CSIC, dada la radiación natural, “probablemente una lechuga tiene la misma” cantidad de elementos radiactivos que un cigarrillo. De hecho, es un argumento que utilizan las tabaqueras para justificar su inacción.
Entonces, ¿cuál es el problema? Lo aclara Karagueuzian: “Es posible que otros productos agrícolas puedan contener partículas alfa. Pero en el humo del cigarrillo la partícula alfa forma un complejo con partículas insolubles que se atasca en las bifurcaciones bronquiales, donde queda retenida unos 120 días [dada la dificultad del pulmón para lavarlas], aumentando el riesgo de cáncer”.

Conclusiones:
Según datos recientes el primer artículo adquiere veracidad pese a contar con poca confianza por parte de la mayoría de población entre la que me incluyo.
Según las últimas informaciones habría que preguntarse de una vez si en los estudios que miden los efectos del humo del tabaco usan realmente hoja de tabaco o el mismo conjunto de sustancias que los gobiernos permiten comerciar.
Los datos también inspiran la desconfianza hacia otro tipo de producciones agrarias que no terminan inhaladas pero sí fagocitadas. La cuestión es la posibilidad de acumular sustancias cancerígenas en el organismo.
Como siempre cuando se toca este tema continuamos situándonos socialmente a favor o en contra del humo del tabaco. Como si se tratara de un partido de fútbol entre dos equipos. Sin posibilidad de ver más allá de lo que realmente lleva al desastre. Lo peor de todo es que la ciencia como dice Joe Vialls parece ser de un equipo.
Y lo más importante es que aunque con años de retraso la misma información nos aporta dudas por resolver. Dudas originadas por informaciones contradictorias o complementarias a lo que en principio sólo es una verdad parcial. Con estas parcialidades podemos ir confeccionando una mayor comprensión de la totalidad. Es tarea clarificadora juntar esa información por el bien de nuestro entendimiento.

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Publicado por en 8 enero, 2012 en enfermedad, opinión, reflexiones

 

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