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Olvido; nunca te olvidaremos

12 Sep


Esperábamos un otoño caliente que jamás llegó. Las chispas raramente se diseñan. Las encienden los vientos y las apagan las tempestades. Surgen espontáneamente al compás de un enfurecimiento que va tomando cada alma a golpe de humillaciones al maltratado cuerpo físico. El hartazgo se manifiesta de todas las formas que queramos. Jamás a través de una herramienta de expresión se genera claudicación sentimental alguna. Por mucho que se empeñen sindicatos con huelgas generalizadas, patronales con contratos miserables, gobiernos con legislaciones deplorables y los más pérfidos hombres de negro con maletones repletos de inyecciones placenteras a cambio de hambre para mañana. No nos hartarán porque no es sencillo organizar las sensaciones de los demás. Una imagen puede acarrear más de mil reacciones. Un sujeto infinitos predicados más.
Juan Manuel Sánchez Gordillo tampoco fue capaz de acercarnos al cielo de la discordia. Planeó una sorprendente estrategia conspirativa que debía poner en órbita parlamentaria una seria problemática nutricional. Fracasó en el intento. Provocó algunas oleadas de debates entre lo que es un robo y lo que no lo es. La alimentación siguió ocupando el espacio de consultas privadas, estanterías de grandes superficies y más vastas extensiones de terreno cultivable en manos de menor número de propietarios todavía. Poca más trascendencia tuvo lo que quedó en anécdota, pudiendo haber servido al logro de un diálogo de extrema necesidad y urgencia. De todo se discutió excepto de lo que se tenía que haber hablado tras su acción. La corrupción apareció por el escenario, el delito por los juzgados y las problemáticas siguieron sin resolver. Los tiempos que corrían eran suficientemente calurosos para no arriesgarnos a aumentar de temperatura. En todos los sentidos. La paz ficticia es la peor de las guerras. El estallido podía haber llegado en masa, pero de la peor manera posible viendo como siguieron los acontecimientos. A día de hoy no seríamos testigos de presenciar ningún intento en la fulminación del termómetro colectivo.
Otro robo de mucha mayor importancia nos servía una nueva posibilidad de encender mechas por doquier. Concluida la gran oleada de calor que nos puso en alerta durante buena parte del mes de agosto, una edil toledana se empeñaba, sin quererlo ni beberlo, en hacernos retomar la senda de los sudores. El acto no fue planificado por parte de quien debió sustraer la joya ni por parte de quien la quería mantener en su propiedad. Olvido Hormigos se exhibía. La oposición actuaba como mandan los cánones. En una carrera ciclista mostrar debilidades se cobra con ataques multitudinarios. Las caras inexpresivas son mucho más útiles para mantenerse en las posiciones de partida. Desbordan la estulticia. En un régimen bipartidista las garras llevan la etiqueta exclusiva del polo opuesto, pero no por ello son menos feroces. Se ensañan con lo que pueden, incluso consigo mismas.
El acto masturbatorio más famoso de nuestra corta historia cibernética puso en alerta a toda la clase política, periodística y, como quien no quiere la cosa, a la casi totalidad de un país. Aunque por el hecho de ser público dejara de ser exclusivamente púbico que es por lo que se distinguieron las masturbaciones que debieron tener origen antes del oficio más viejo del mundo.
El escándalo no estuvo motivado por lo mismo que veinte o treinta años atrás. Andó por otros derroteros. Los más puritanos que se distinguen por haber celebrado varias veces su primera comunión. Que perdieron la virginidad en varias ocasiones antes, después y definitivamente tras el sacramento matrimonial. Que incluso matarían repetidamente a los mismos arquitectos que alzan aberrantes construcciones por encargo de las autoridades:

Esperanza Aguirre es todo un icono del puritanismo. Son ellos quienes pusieron las manos en la cabeza reprochando a la concejal de Los Yébenes su decisión de dimitir. Paradójico pero cierto. La defensa procedente de los correligionarios no tiene valor. Son capaces de poner a un corrupto en un pedestal mientras comparta la misma bandera. Sea arquitecto, juez, verdugo o tarugo.
A Olvido Hormigos, una política convertida en exhibicionista por voluntad ajena, se la perdona por su nueva condición impuesta. No cometió ningún delito a ojos de la ortodoxia más capitalista, egoísta, ególatra e individualista que se impone por todos los sectores, alas y rincones de hemiciclos y callejones varios sin salida. Al contrario. La masturbación supone la expresión cenital de unas relaciones sexuales cada vez menos comprendidas como tales. La tendencia progresiva hacia el aislamiento nos va restringiendo hacia ese tipo de prácticas sin darnos cuenta. Cada vez más sexo pero menos relacional. Por obligación los resultados de la tendencia pueden ser catastróficos. Por decisión propia otros efectos se desencadenan tras ignorar a las sirenas. Pero no es el caso. Las alarmas chirrían y no son cantos de gran belleza. El placer está en nuestras manos pero quienes instigaron esas prácticas se la menean entre el mayor de todos los orgasmos. Siglos de veto del roce entre individuos no nos fortalecieron como seres sino que nos debilitaron como tales para beneficio libidinoso de los de siempre.
Las familias monoparentales, sin hijos y más pronto que tarde hasta sin padres, se van imponiendo en todo tipo de pantallas y desde las mismas. Aislados vamos convirtiéndonos en monótonos seres apresados en nuestra soledad, en la que hay que colgar cuadros con los que despertemos la sensibilidad olvidada. Obligados a no poder contemplar un digno paisaje no tenemos otro remedio que fantasear con el que otros plasmaron con sus pinceles. Todo tipo de artilugios suplen los genitales que llevamos dentro en beneficio de quien los suministra. Jamás de nosotros mismos. Porque incluso hemos perdido la ancestral sabiduría de masturbarnos con dos piedras. Utilizamos aparatos mucho más sofisticados a la vez que insípidos.
El sexo tiende a ejercer la función que el cuadro desempeña en nuestros hogares amurallados. Para ello se requiere que una serie de artistas se dediquen a la contemplación de lo que a lo lejos queda de placentero y nos lo acerquen a un precio simbólico. Los sueldos no están ni para ir al fútbol. Como no nos basta con mirar estampitas de falsas vírgenes es necesario hacerlas palpables. Las tocamos y rememoramos el paraíso perdido, donde todo lo esencial se encontraba al alcance de nuestra mano.
Morgane Merteuil, una mujer altamente manoseada que ostenta el cargo de secretaria general del sindicato de trabajadores del sexo (STRASS) presume de ser puta, quiere seguir siéndolo y se ha convertido en la principal voz en la oposición a las ofensivas abolicionistas. La llegada de Hollande a la presidencia gala tiene estas consecuencias. Trae aires prohibicionistas. Las feministas francesas que le acompañan han emprendido una ofensiva para abolir del todo la prostitución mientras el sindicato STRASS contesta. En su panfleto “liberad el feminismo” se puede leer la moraleja de esta joven parisina de 25 años tras su estancia en una barra americana. Concluyó en la necesidad de pasar a practicar felaciones para rentabilizar sus ratos de burdel como camarera. En lo ideológico entiende al feminismo como una lucha por conseguir la dignidad de las mujeres, sean cuales sean sus elecciones. El machismo bastante tiene para defender sus erecciones a base de viagras naturales y artificiales que se expanden como el agua por los grifos de los hogares.
Con todo este caldo lo que se va convirtiendo progresivamente más difícil de satisfacer son nuestras necesidades básicas de forma natural. No son necedades como nos lo intentan mostrar los eruditos oficialistas de la materia. No es un asunto banal lo sucedido en Los Yébenes. Es una banalidad el enfoque exclusivamente judicial de un robo que debería haber puesto patas arriba a una sociedad anorgásmica que ya no expresa sus líbidos sensualmente sino que los busca en el sexo.
Hasta tal punto que ya no somos ni conscientes de la importancia que tienen para nuestras vidas alimentación o picardía. Juan Manuel Sánchez Gordillo nos intentó poner a raya por lo que se refiere al comer. Olvido Hormigos en lo que se refiere a la práctica sexual. Involuntariamente que es lo que cuenta. Porque así son nuestras necesidades básicas. No las hemos escogido. Las llevamos como una losa en caso de ignorarlas y se nos caen encima para tenerles que poner parches de vez en cuando. Así vamos trampeando la banalidad impuesta. Considerando superfluos nuestros puntales existenciales. Nuestra existencia considerándonos superfluos a nosotros mismos.
El sistema dominante incidió en la satisfacción de otro tipo de necesidades. Contribuyendo al olvido de lo esencial cuando nos entendemos ampliamente saciados por lo demás. Pero como todo lo que no se escoge, vuelve y hasta nos termina corrompiendo. Pero ya no vuelve en su esencia sino a través de sucedáneos. Unos tienen que hacer horas extras para retribuir a sus ligues. Los ligues hacer horas extras para ganarse el pan como profesionales de la conquista. Cuando ni comamos ni follemos el otoño se avecinará tórrido. Mientras, solamente a unos pocos se les pasará por la cabeza acercarse a unas manifestaciones donde nada de lo importante hay que rascar.
Sin necesidad de que ningún vídeo nos encienda la mecha. Sin necesidad de que ninguna orgía colectiva apague las llamaradas ocasionadas. En cada uno de nosotros va surgiendo el debate no retransmitido. Porque el asunto nace en cada individuo pese a que sexólogos favorables y contrarios se empeñen en determinar las preferencias de cada uno. El debate en sí no lo es tanto. Lo que importa es el diálogo.

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1 comentario

Publicado por en 12 septiembre, 2012 en Sociedad

 

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Una respuesta a “Olvido; nunca te olvidaremos

  1. gold price

    22 septiembre, 2012 at 5:23

    Principalmente somos malos por miméticos y casi siempre por gregarios por comportarnos siguiendo la lógica de la pertenencia. Me refiero al tipo de maldad de “los otros malos”. La misma persona que puede patear a un vagabundo ciego y quemarlo vivo porque lo hacen sus amigotes es capaz de ayudarle a cruzar la acera si ve señales de que a los demás les va a dar por ahí. Y por supuesto el que más le patea o el más atento en ayudarle, el que más sigue las reglas del grupo es el más debil y necesitado de aceptación. Tal vez porque es nuevo en el grupo o tiene algún déficit identitario a la hora de cumplir las reglas de pertenencia del grupo y tiene que compensarlo de algún modo.

     

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