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¿Y a quién le importa?

Los problemas que sufre este país, el de al lado, el de arriba y el de más allá, tienen dos posibles causas, en función de los ojos con los que se observen.

Por un lado conocemos la explicación de un poder despótico que todo lo maneja a su antojo, repartiendo recursos públicos a sus seres más queridos. Por otro, nos habremos dado una y otra vez con la indiferencia, intentando acceder a una institución donde se celebra un pleno de representantes a sueldo de todos, por ejemplo. Nada por la izquierda y nadie por la derecha. Los empujones los sufrimos más frecuentemente en las puertas de los centros comerciales el día de inicio de las rebajas, o en las taquillas del estadio de fútbol.

Acercarnos a una u otra opción supone elegir entre hacer un ejercicio de crítica o de complacencia. Argumentos como el no nos dejan, no tenemos tiempo, ni mucho menos dinero, se traducen fácilmente en no tenemos las mínimas ganas de participar en la organización comunitaria. Fueron excusas repetidas mientras estudiábamos el tercer postgrado universitario, suscribíamos líneas de cable para pillar tropecientos canales de televisión o veíamos desde las pantallas multitudes minoritarias reclamando nuevas formas de contrato social.

Ahora, que no hay un Euro, todo cuela, y nos encaminamos satisfactoriamente a aceptar excusas; cuando deberíamos ser más auto-críticos que nunca, como necesidad indispensable para evolucionar en un momento de parálisis monstruosa. Las candidaturas en las que participar es gratuito, y sin andar demasiado lejos, se multiplican como setas alucinógenas a la conquista de las concejalías, en disputa hasta el 24 de mayo. Pero sigue habiendo más fuera que dentro, en esta carrera en la que no es que esté excluida alguna familia, sino que faltan apellidos, para que los de siempre no sean tan ilustres.

Entre opresión y sumisión hay una línea muy fina y, confusamente,separadora. Aquellos a quienes importa y que estarán atentos a los acontecimientos organizativos son los que, además de candidatos oficiales, serán designados a formar parte de una nueva casta que tiene todos los números para salir peor parada que la que estamos sustituyendo. Un proceso necesario para terminar, de forma amarga, perdiendo la fe en una élite, sea del color que se vista, a la que será imposible dar un nivel de vida superior al que tenemos. Pero, sin embargo no tiene más argumento para acercarse a la indiferencia que prometerlo.

Para pasar de la política de las píldoras, insustanciales de placebo, a la de verdad es necesario que nos importe aquello que tomamos. Y a quien le toca suministrar, que le importe reconocer que lo repartido salió de algún ombligo ajeno al suyo.

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Publicado por en 14 abril, 2015 en opinión, política, Sociedad

 

La marea sube

marea alta
Han pasado años desde que las panaderías alargaron sus reducidos horarios y añadieron algún día, extraordinario, de atención al público. La labor del panadero no se restringía a despachar barras cocidas a fuego lento, sino que empezaba ratos antes de que la clientela dejara de soñar en el desayuno y lo hiciera realidad.
El hecho de poder encontrar a cualquier hora del día y en cualquier momento del año un bien tan básico y perecedero fue aplaudido por millones de consumidores. Pocas encuestas son necesarias, cuando los establecimientos notan una afluencia que se expresa en la caja de final de día.
Pocos cayeron en la vertiente negativa de lo sucedido. Unos veían crecer sus posesiones y los otros sus estómagos. Pero las monedas suelen tener doble cara y en esta especie de contrato que une a consumidor y consumido, todo lo que uno tira, el otro lo tiene que aflojar.
Décadas después de que lo más esencial lo tengamos al alcance, incluso a temperaturas no aptas para consumo humano, disponemos de la opción de condimentar el insulso bocadillo con miles de ingredientes que a todas horas nos sirven unos establecimientos que parecen prestar un puro servicio, pero que también esperan alguna contrapartida. El ofrecimiento de unos se convierte en la esclavitud de los demás. A nadie gusta incrementar jornadas laborales, pero a una gran mayoría le da lo mismo hacerlo con la de los demás.
Es un derecho tener todos y cada uno de los bienes imprescindibles, al precio que sea y a la hora que nos apetezca. Por este motivo, entre otros tantos, mañana domingo concluirán las últimas manifestaciones para poner el grito en el cielo a tanta barbarie presupuestaria. Las jornadas laborales aumentan al compás que los sueldos disminuyen. El agradecimiento al trabajo que permite vestir o comer va tendiendo a cero y nadie está dispuesto a pagar un céntimo más a cambio de que, por ejemplo, los hornos optimicen las horas de funcionamiento a unos ratos semanales y las panaderías reduzcan costes. Faltaría más! En la época con más clínicas odontológicas por hectárea, donde trabajan profesionales venidos de todos los continentes las dentaduras se resienten de comer algo que se aleje de la textura de la papilla. Es imprescindible subir la marea para rogar como sea alguna subvención a los tratamientos que jamás ha cubierto la Seguridad Social. Como creo que decía aquella estrofa bíblica: papilla somos y en papilla nos convertiremos.

 
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Publicado por en 23 noviembre, 2013 en Sociedad

 

Misterio igualitario

Finalizado el año 2012 también se ha puesto el cierre a alguno de los contadores más sangrientos. No todo fue felicidad en un año especialísimo, después de haber superado un fin del mundo la mayoría de mortales. Es momento de acordarse de aquellos que demostraron esta debilidad tan enquistada en toda la especie humana.
Los informativos empezaron a hablar tímidamente de trágicos sucesos relacionados con las quiebras personales que llegan hasta otros mundos cuando no divisan salidas en este. Este tipo de noticias ofuscaron en la parte final del 2012 las crónicas de sucesos más repetidas en los últimos tiempos. Son las relacionadas con la violencia doméstica. En ocasiones los incidentes terminan en muertes, en otras en maltratos y en muchas más todavía en absolutamente nada, fruto de un miedo que atenaza al conjunto de población que comparte el sexo considerado débil en términos materiales. La chistosa guerra de sexos tomó seria relevancia en la opinión pública y rivaliza con verdaderos dramas en los que familias enteras se encuentran peleadas, pero con las cuentas corrientes que les ahogan hasta niveles inalcanzables por cualquier corbata de cuello blanco.
El resultado en 2012 fueron 46 mujeres muertas en manos de sus parejas sentimentales, rehenes de las mismas y quizás liberadas hasta de cobrar pensiones de viudedad de tales energúmenos posesivos insaciables, capaces de arrebatar el bien más preciado e irrecuperable. Cada episodio apareció en los medios a modo de culebrón ilimitado. Los testigos, afectados, algunos que solamente tienen ganas de chismorrear a costa de las barbaridades del vecino tuvieron su espacio.
bicicleta estaticaCon el contador cerrado hay que preguntarse si realmente merece la pena seguir hurgando en este filón mediático que ha sido capaz de inspirar leyes, organismos y hasta ministerios. Un misterio sigue a la cifra cosechada y es cuándo cesarán este tipo de relaciones. Las que cuentan con cónyuges enfrentados, las basadas en la dominación y obediencia por respectivas partes. En definitiva todos los núcleos familiares están formados por personas de parecidas características y la mayoría con distinto sexo.
En las calzadas, sin embargo, las relaciones no son en condiciones de igualdad, al menos a priori. Unos van andando, otros en bicicleta y la mayoría conduce vehículos motorizados que se llevan por delante la vida de los que usan los medios más respetuosos. En total fueron 47 los ciclistas atropellados que hallaron el fin del mundo en 2012. Algunos más se recuperan en los hospitales de graves lesiones medulares reductoras de la movilidad. Nunca más se podrán arriesgar ni a transitar silenciosamente por cualquier arcén. Otros en vista de lo sucedido ni lo intentan. Permanecen en casa con el velo de la bicicleta estática para no arriesgarse a ser maltratados. En cuanto a los peatones que obligatoriamente transitan del vehículo hasta alguna puerta están de suerte. Se ha descubierto que reduciendo la velocidad máxima en zonas urbanas a 30km/h la mortalidad de los atropellos disminuye considerablemente. Si este era el año en el que podía aparecer una plaga mucho más mortífera que la violencia de género, parece que podrá contarse directamente una pequeña solución. El espacio, tanto en la carretera, como en las pantallas debiera ser ocupado por unos pedales hartos de intromisiones y de la imposibilidad de entablar un enfrentamiento justo en las distintas vías de comunicación. Sin llegar a extremos de crear ministerios cabría preguntarse al menos porqué la permisividad con las frivolidades al volante es tan elevada. Para encarar el 2013 no estaría nada mal.

 
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Publicado por en 6 enero, 2013 en Sociedad

 

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Domingo de risa

Hoy fue domingo soleado, pero con pocas horas de luz. El planeta, en su hemisferio norte, atraviesa por una crisis lumínica sin precedentes. Hay que remontarse al menos un año atrás para encontrar situaciones parecidas, aunque muy dispares en el fondo. La poca duración del día es exactamente igual que en ocasiones anteriores. Pero esta vez era lo de menos. Tenemos mucha suerte de poder contar que todavía estamos vivos, después de haber superado el apocalipsis orquestado entre autoridades políticas, sindicales, empresariales y espirituales mayas. Pese a la conjura de todos ellos hacia la calamidad y sin hacer prácticamente nada seguimos en el camino, en el que cada cual encontrará su último día en el que las constelaciones se agoten, pero no en conjunto. Cada cual agotará la que le da el horóscopo cuando diga basta.
libertad apresadaAyer fue sábado de lotería o resurrección según la religión que se practique. La cuestión es que todo esfuerzo se simplifique en grado máximo y ambas se adaptan bastante a las exigencias de planteamientos. Sin hacer prácticamente nada los creyentes siglos atrás hacían llover y salvaban estómagos del hambre. Haciendo lo mismo las nuevas religiones salvan el mundo de las garras de aquellos que desde el lado oscuro mueven los hilos de forma funesta en detrimento de la humanidad. Los participantes en el bochornoso sorteo que inunda las pantallas de repetición masiva en su franja matinal se ilusionaron con unas bolitas que iban saliendo al grito de mil euros, mil euros, cual sorteo de contratos laborales mayor de la historia. Los sindicatos desde la huelga menos concurrida y las manifestaciones más multitudinarias de la modernidad permanecen en la misma caverna donde residían antes del evento que realzó su ego y poca cosa más.
No se han enterado las centrales sindicales de que hoy era domingo y no lo pareció. Su mundo reivindicativo terminó en las voces de San Ildefonso. Todas las secciones y federaciones concluyeron el año dando un vistazo a los boletos como todo aquel que se puede permitir el lujo de tirarse a las tragaperras sin caer en el intento. Nada hicieron para impedir que se respetara el derecho al descanso una vez cada siete días a unos trabajadores que tuvieron que levantar cientos de miles de persianas de comercios próximos a la quiebra. Hoy domingo, nada hicieron miles de afiliados que creyeron que con su contribución trimestral hacen suficiente para preservar unas condiciones inviables con este tipo de mentalidad. Hoy tocaba no hacer nada porque en festivo nada se necesita si eso supone incordiar a quien tiene que extender su jornada innecesariamente. Cuando a la hora de consumir nunca hay huelga ya vendrán los llantos porque al hijo le pretenden empaquetar un contrato basura. La presión del legislador por redactar nuevas posibilidades de trabajar en ayunas, durante la siesta o antes de que cante el gallo crecieron significativamente en la jornada frenética de hoy. Tanto en la vertiente callejera como en la que se cocía en cada hogar donde ya se trabaja impetuosamente para atracarse mañana hasta las cejas. Empezará entonces la búsqueda de culpables. Como siempre aparecerán los clérigos pese a estar abandonados por los feligreses. En ningún caso lo que sucedió en este domingo de risa, segundo día de la nueva era rematadamente igual que el anterior. Al próximo no se atrevan ni a dejarse caer por misa entre escaparate y escaparate. Hoy después de largas décadas sin pisar un templo me resurgieron las ganas de refugiarme en uno de ellos. A ver si así hallaba algún lugar donde el mundo en domingo se pare. Aunque simbólicamente que es lo que parece que importa.

 
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Publicado por en 23 diciembre, 2012 en reflexiones, Sociedad

 

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Y tú más

aqui se fiaEl cobrador-interventor-policía-vigilante de un tren semivacío, ya no sé qué término utilizar, andaba perdido en un rutinario viaje matutino. Que los vagones no anden muy concurridos no significa que no estén repletos de especialistas en montarse en una parada y decir que lo han hecho en la siguiente, en la otra o que están bajando como aquel que ha perdido la brújula. El personal de a bordo que es simplemente una persona y de limitadas capacidades de movilidad, no tiene más que dos ojos y dos piernas para andar persiguiendo a aquellos que van entrando y saliendo hasta sin abrir la puerta. Algunos son de otras características químicas y están regidos por leyes físicas de algún mundo paralelo.
El asombro de este personaje es continuo. Ve gente perfectamente aposentada en su asiento, con el abrigo colgado y la pesada maleta en lo más alto. Se dirige hacia el nuevo pasajero y le pregunta por el billete. En apenas 15 segundos ha sido capaz de apalancarse. De forma mucho más rápida que él ha llegado al destino acomodado, sin hacer ruido ni sin ser visto por la estupefacción del expendedor de billetes de emergencia. Ante la falta de pruebas el cliente, aunque pésimo, siempre tiene la razón.
En el bar de la estación todo sigue igual. Anda sobre ruedas una picaresca desenfrenada que corta las lenguas en el momento más idóneo. A la hora de pedir nadie demuestra la más mínima tartamudez. La voz clara y concisa desemboca con el género deseado encima de la mesa. A la hora de pagar las palabras no terminan de fluir. No es lo mismo afrontar el pago de un café que el de uno con leche. Son unos céntimos de un ingrediente sin importancia que no merece la pena ni mencionar. ¿Acaso alguien dice que ha consumido azúcar, cuchara, taza, y ha leído los titulares del periódico? Simplificando que es gerundio, las facturas salen un poco mejor. Poco después la camarera recuerda por el recipiente que aquel café que acaba de entrar en caja iba acompañado del único ingrediente que lo encarece significativamente. Pero ya es tarde, no hay pruebas contundentes y queda todo un día para compensar el error, según palabras textuales de la misma.
Sin ganas de ver cómo se subsana este olvido contable abandono el lugar. Demasiada fenomenología en tan poco tiempo. No es hora de darse una vuelta por las gasolineras a ver cómo van los intentos de llevarse la manguera para regar las plantas. Como no hay dos sin tres faltaba el broche gordo. Siempre aparece sin moverse de lugar. Otra señora se queja de que no puede pagar lo que ha tomado. En un despiste le han arrebatado el valioso abrigo para las épocas que corren. Ahí llevaba el monedero y algunos documentos identificativos. No se sabe quién ha sido, pero por lo visto podía ser cualquiera. Será también verdad o mentira. Habrá hecho algún truco de magia como quien entra en un tren sin abrir la puerta. Lo cierto es que el abrigo no aparece y quien estaba sentado más cerca de la prenda dice que puede ser que no sea él el autor del hurto.
La presunción de inocencia la ponen en duda hasta los más severamente acusados. Con esta ciudadanía los políticos, gestores de lo público, se hacen cada vez menos necesarios. Cualquiera vale para la labor que han desempeñado durante largos siglos: procurar por uno mismo. Si pocos alzan la voz no nos extrañemos. No es ningún fenómeno paranormal. Es simplemente una forma de defenderse de lo que pudiera ser la respuesta ante la queja: Y tú más.

 
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Publicado por en 16 diciembre, 2012 en Sociedad

 

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Perdiciones mayas

Rosalina Tuyuc, Faviana Cochoy Alva y Pedro Celestino Yac Noj, considerados sabios del pueblo maya, visitaron una playa del este de la capital cubana para celebrar la ceremonia de agradecimiento a la naturaleza, en la que unas 200 personas intentaron seguir el hilo de los rezos y rituales ancestrales. Los tres representantes de una tradición secular con sus correspondientes profecías aclararon al mundo que el próximo 21 de diciembre esperan el fin de la actual era, tras la cual se debe recibir un nuevo sol que traiga nuevas actitudes, transformaciones y armonización entre las culturas, los seres humanos y la naturaleza. Los tres iniciados en la sabiduría maya hospedados unos días en la isla cubana, se dedicaron a difundir este mensaje aclaratorio que expresa que el fin de mundo no está en su agenda.
piramide mayaToda profecía, además de polémica puede acarrear desprestigio para aquel que se atreva a pronunciarla. La del fin del mundo concretamente, además de ocasionar pérdidas de reputación, es sin duda alguna nefasta en caso de resultar cierta. Entre predecir el fin de una era, el fin de la humanidad o del universo en su conjunto media un abismo.
Los calendarios del 2013, los vayamos a utilizar o no, por ahí los están regalando. Mucho antes de una navidad que desconocemos si celebraremos o si la festejaremos con paga extraordinaria, están llegando a miles de casas ilusionadas con unas cifras económicas alarmantes para el año próximo que no próspero. Pero mucho mejor que lo que hay que leer en otros cientos de predicciones catastrofistas.
La sabiduría se unió con el fatalismo para conducirnos hacia ninguna parte. El pueblo maya declinó hace muchos siglos. Su civilización fue borrada del mapa antes que los colonizadores europeos la redujeran. En la memoria de esta cultura más que predicciones del fin de una civilización podemos encontrar relatos de lo que no volvió a ser. En la memoria de nuestra civilización también está recogido el mito de la Atlántida que basado en hechos reales o en la imaginación puede repetirse. El declive de la principal fuente energética de la industria moderna podría ser un punto de inflexión, pero que dista bastante de la fecha fatídica. Hace casi una década que lo padecemos.
Quien crea que el mundo termina llegó al último día en ese preciso instante. Quien vea amanecer el 22 de diciembre se dará cuenta de un error lamentable al que fue empujado creyendo en futurólogos desacertados. Si no estalla el universo en mil pedazos pueden estallar los futurólogos en otros tantos de similares características.
Mal andan estos seres a pocos días del final de los tiempos. Terminarán al compás del mundo que han predicho que termina. O terminarán pereciendo para siempre en un mundo que continúa exactamente igual o con pinceladas novedosas. A pesar de todo, los peores agoreros siempre fijándose en su propio ombligo, van a acertar de forma espléndida. Su mundo, ocurra lo que quiera ocurrir, va a concluir el 21 de diciembre. En una discoteca de esas que se apuntan a todas las celebraciones o en un macro velatorio sin séquito.

 
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Publicado por en 7 diciembre, 2012 en Sociedad

 

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Hay alternativas; la juerga general

Seáis todos y más que nunca bienvenidos, de nuevo, a la propuesta que enlaza con la crónica anterior. El artículo de hoy es de aquellos que se culminaría a la perfección entre más de una cabeza e infinitas manos. No está dedicado en concreto a nadie, sino a cualquier ser mínimamente pensante, o sea cualquiera. Lastimados o beneficiados con el austericidio disponéis de un lugar preferente. Pertenecéis a aquellas clases de personas condenadas a entenderse, pero que sin embargo os teméis y condenáis mutuamente a pagar platos rotos. Estas letras de hoy que enlazan con las escritas la semana anterior están pensadas exclusivamente para vosotros, con permiso de los demás a quienes no les va ni les viene. Simplemente les importa salir por lo menos como entraron.
Sé que no creéis en ningún método de lucha que no sea la huelga, algunos sindicalistas que habéis hecho carrera en estas labores o que habéis traspasado la barrera política. Sé perfectamente que deseáis acumular avaricias unos cuantos a costa de los demás. Seguramente estemos separados por horizontes muy distintos que nos dividen en los medios a emplear. En el fondo, el ser humano sea de la condición que fuere, siempre persiguió exactamente lo mismo: la libertad. Los pocos privilegiados de la especie que rigen su destino y arrastran el de los demás siguen erre que erre agarrados a ese instinto que les conduce a obrar como les place. Sin importar las consecuencias, del signo que sean, hacia los más débiles que son quienes terminan recibiendo por puro azar.
Pensar en la mejora de condiciones de una clase determinada viene a ser equivalente a ascender peldaños en una pirámide social, en la que alcanzado cierto nivel se empieza a respirar algún grado superior de libertad. La estructura organizativa sigue exactamente igual. Pero los combatientes, conformados momentáneamente, respiran durante un largo rato paralizando cualquier conquista de rango superior. Sin transformar estructuras que es de lo que se trata, los movimientos se gestan tarde o temprano. Las empedernidas movilizaciones que nos conducen a ese eslabón privilegiado son en las que un servidor no cree ni creerá. En realidad vienen a ser como disfrutar de un bonito viaje en globo hasta que la bombona dice que hay que ir tocando suelo. Ascendemos para vernos identificados con la naturaleza de quienes odiamos y pasamos a envidiar. Desde lo más tangible de la superficie nada es apelable de este maravilloso método. En cuestión de rentas todo ha funcionado a la perfección. Un desempleado actual tiene mejor vida que un trabajador de los años 20. Felicidades y gracias a la vez a todos aquellos que lo hicieron posible. En la absoluta miseria es harto difícil transformar estructura alguna.
Por experiencia propia y siendo algo en lo quizás me estoy obsesionando últimamente, así que perdonad las molestias, me preocupa la línea temporal que va de mis bisabuelos hasta mi generación. Me preocupa saber que esos antepasados fueron agricultores autónomos por completo. Me preocupa saber que no gozaban de pensiones de la vejez, pero sobrevivieron a ella hasta la muerte a edades de 80 años. Me preocupa haber pasado en menos de 100 años a caer toda una familia en la trampa del salario. Algo anda mal, cuando el suceso se repite en casi todos los linajes de mi alrededor. Algo hay que cambiar en la lucha si no deseamos que del chupete de nuestros bebés cuelgue un contrato laboral, temporal o indefinido. Ese es el verdadero drama al que ha contribuido a partir de cierto momento de complacencia la gran mayoría de sindicatos planetarios. Pensaron que el chantaje que viene a significar la lucha, pero sin eufemismos podía mejorar eternamente las condiciones de vida de un grupo de personas cada vez más numeroso, olvidando todo lo demás. Sin pensar en lo que nos rodea es difícil tener en cuenta lo que nos afecta. Para eso las patronales sobran. Sus avaricias son las nuestras cuando lo deseamos absolutamente todo. Con sindicatos y gobiernos socialdemócratas puede ser suficiente. La capacidad de los individuos de tomar decisiones en condiciones de igualdad en aquellas tareas en las que participan es importante. A largo plazo es lo único que garantiza una distribución democrática de los recursos que los conocimientos acumulados y la aplicación de éstos se encargan de elaborar.
En una familia, las decisiones se pueden tomar de forma más o menos democrática. La mujer, tradicionalmente, poco contó en las resoluciones de estos pequeños grupos. Los chantajes se repetían hasta cierto punto, no fuera a llegar la rebeldía a eliminar por completo aquel miembro que traía el sustento al hogar. Eso es lo que nos ocurre insertados en corporaciones que poco o nada nos permiten decidir. Al final hasta representan nuestra salvación e incluso la posibilidad de ascender al cielo. Apresados por su voluntad la opción del sabotaje representa una pataleta necesaria cuando nos vemos encerrados en cualquier rincón de la casa, pero la estrategia tiene el límite descrito anteriormente.
Más allá de las fronteras de las unidades de producción el mundo existe. Algunos sindicatos, todavía minoritarios, se atrevieron con motivo de la última gran huelga generalizada a transitar en este paraje complicado. Convocaron una huelga de consumo de un solo día con la que coincido plenamente. Una ingeniosa forma de poner patas arriba la estructura de un hogar asfixiante. Dispone de una buena despensa de la que no nos podemos olvidar. Tenemos de todo y necesitamos un porcentaje ínfimo de lo que poseemos. Ese es el camino que nos puede permitir allanar el que hacemos al andar. Sólo cometieron un error las centrales ingeniosas y es que no proclamaron la acción indefinida. Es totalmente posible, está al alcance de cada uno de nosotros y sin necesidad alguna de organizarnos en piquetes informativos. La transición que parte de un punto que si de algo adolece es de estructuración social, podría encontrar una intersección desde donde empezar a abrir nuevas vías. Sólo es necesario el remate final y la asunción de las responsabilidades que hasta ahora delegamos. Tenemos la manija varias veces al día de continuar o alejarnos de la senda de la esclavitud y habría que aprovecharla, a conciencia y sin complacencia. Es necesario asumir las estructuras que debilitan nuestra ansiada plenitud y partiendo de ellas intentar crear otras. No nos fuéramos a desconectar de la UVI en un airado ataque que nos podría conducir a caer por las escaleras de los magníficos hospitales que nos asisten.
Sin caer en las desgracias que muchos están pisando debemos replantear nuestra existencia. Los bocadillos con poco embutido son sabrosos. La verdura, con mucha patata también lo es. En términos calóricos la carne a la plancha nos reporta exactamente lo mismo que la cocinada al horno, gastando ingentes cantidades de energía. Las duchas se pueden practicar semanalmente ahorrando grandes dispendios. La ropa nos salva de la suciedad y para algo se inventó. No se tejió para lavarla cada dos días. Los viajes se pueden evitar por un tiempo. Ya habrá otro tipo de agencias en el futuro que los organicen. Los desplazamientos de menos de 5 kilómetros pueden realizarse andando. Los de menos de 25 en bicicleta. Los afeitados pueden practicarse dos veces a la semana, sin demasiada espuma, con navaja que tarda en consumirse toda una vida y compartiéndola todo el sector masculino del vecindario. Las prendas pueden utilizarse, como mínimo, el doble de tiempo que el actual. Seguir la lista y compartir gastos superfluos significa que algo puede ocurrir en unos meses. Siempre que exista un mundo más allá de la austeridad.
La solvencia de distintas empresas puede ser lastrada en el más absoluto silencio. Para ello no es necesario gritar ni hacer demostraciones artísticas. Eso es lo que se consigue con tesón y constancia. Es duro y sacrificado llegar hasta donde muchos lo hicieron transitando por el mismo camino y otros se lo encontraron hecho a medida. Cuando las deudas corporativas crecen, la cotización de las acciones en los mercados desciende. Los mercados son así de simples. Si se aprovechan sus grietas es posible hacerse con instituciones enteras. Superando tabúes necesariamente. Los términos no deberían impedirnos ver el bosque. Después se planta lo que decida la mayoría y todos tan contentos. El tan temido y criticado Banco Santander, con Emilio Botín a la cabeza, está controlado por una cantidad de accionistas que no acumula ni un 10% de su capital social. Ir apropiándose de títulos de este tipo de empresas indómitas con lo ahorrado a base de sacrificios, decantaría la balanza hacia las maneras de hacer que nos gustan. Suponiendo que el millón de españoles que hizo huelga hubiera ido a trabajar y percibido, sigamos imaginando, unos 50 euros, 50 millones de euros podrían estar en una caja esperando adquirir medios productivos y encima de rebajas. Siempre que la conciencia social en el día a día fuera capaz de lastrar los precios de las cotizaciones el porcentaje de capital obtenido sería superior. Si todos aquellos españoles que fueron a preguntar por un crédito de un automóvil hubieran pensado en adquirir, en primer lugar una participación de una petrolera que viniera a reportar el líquido aproximado consumido anualmente, y después el motor donde arde el combustible, otro gallo cantaría. Pero cuando se trata de beber acostumbramos a pensar exclusivamente en el líquido, olvidándonos de la botella tan o más importante.
La lucha en ninguna de sus vertientes puede llevar a la victoria. Es necesario entender la combinación de varios métodos dirigidos hacia una misma causa. Incluso la conveniencia de acompañarla con la construcción de aquello que nos merece confianza de cara al futuro. No se trata de tocar las narices a unos cuantos. Hay que acariciar a la vez a los seres amados. No se trata de destruir lo que nos disgusta, sino de construir lo que nos encanta.
A modo de ejemplo imaginemos que dirigimos una campaña puntual de desprestigio bursátil hacia una empresa estratégica como Repsol. Podríamos empezar por comprar el pan en aquellos establecimientos que no usan horno de gasóleo. Deberíamos hacer mayor uso de energías animales. Apagaríamos calefacciones y desempolvaríamos las mantas del armario. Tenemos la opción de comer alimentos crudos procurando minimizar la ingesta de carne por motivos sanitarios. Hervida por un tiempo, sumergida en caldo reutilizable, tampoco está tan mal. Vuelve a hacer volar la imaginación y sigue una lista interminable. El sacrificio tiene la recompensa de ver índices bursátiles por los suelos, posibilitando la adquisición progresiva con todo lo ahorrado de un porcentaje significativo de alguna compañía.
Para finalizar es preciso no sólo recordar que los chantajes no pueden ser eternos, cosa que conocen perfectamente unos sindicatos que los convocan por un solo día. Es preciso añadir que no necesariamente tienen la patente de organizarlos unas instituciones en concreto. La responsabilidad puede ser de una secta, una iglesia o un club de petanca. Es preciso divisar también la otra cara de la moneda. El fin no justifica los medios, pero aporta convicciones en cada uno de nuestros actos. Si no sabemos dónde queremos llegar es difícil que tomemos la decisión de salir a la calle. Más allá de expresar la rebeldía diariamente tenemos la opción de adquirir productos en aquellos establecimientos que respetan las condiciones de sus comerciales. Podemos acudir a comprar sal en domingo y de madrugada o por un día sacrificarnos sin ella por respeto al dependiente. Podemos contribuir a los proyectos que tienen en cuenta la vida de los demás y de paso los hacemos un poco más viables. Existen unidades de producción donde quienes trabajan ostentan un voto y otras en las que no. Podemos decantar decisiones de compra hacia ese tipo de empresas. Podemos observar qué hace con nuestro dinero el panadero o el cervecero a quien Adam Smith mencionaba. ¿Va con demasiadas mujeres y demasiados descapotables o lleva una vida austera? Es cuestión de preguntar, antes de llevarse el pan bajo el brazo por un módico precio. Es importante saber de dónde viene el trigo y con qué energía se cuece. El motivo no es sanitario en absoluto. Simplemente es cuestión de relacionarse con aquellos que nos pueden dar respuestas veraces. Significa que están al mando de la producción, que manejan sus vidas y que con ellos debemos manejar las nuestras. Hasta que en Repsol no tengamos voz ni voto no queda otro remedio que abstenernos de llamar a sus puertas. No todos los sacrificios tienen porque llevarnos al huerto que Angela Merkel desea conducirnos.
A todo esto supongo que te preguntarás algo. Hay otra manera de tenerlo todo en manos de todos. Es la que se practicó en un pasado. Las estatalizaciones situaron en manos de nadie una cantidad creciente de riquezas anteriormente de unos cuantos. No confundamos ambas líneas a estas alturas. El fracaso de esta filosofía es el que estamos viviendo en la actualidad. Algo que no fue de nadie, en algún momento determinado puede ser otra vez de los mismos de antes. Hay que mantenerlo agarrado como esa tierra que en forma de bienes comunales se pierde en favor de algún aprovechado de turno. O conservamos cada uno nuestro pedacito o imaginamos que la totalidad nos pertenece y es necesario consensuar su mantenimiento con los copropietarios.
En el próximo capítulo intentaré contar algo sobre otro asunto. Esas famosas huelgas que han propiciado la mejora de las jornadas laborales. ¿Acaso han descendido en este terrible último siglo?

Capítulo anterior:

 
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Publicado por en 28 noviembre, 2012 en opinión, Sociedad

 

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